
Una palabra que se ha ido colando cada vez más en nuestras conversaciones es “empatía”. Recuerdo que la primera vez que la escuché fue en Proyecto Hombre, y me dijeron que era ponerse en el lugar del otro. Hay otro palabra, compasión, que me parece que tienen el mismo origen, sólo que ésta ya está en el cementerio de palabras mal usadas. Algún día deberíamos ir y resucitar palabras preciosas como caridad, austeridad, humildad… que nos hemos cargado. Y lo malo es que de algunas no tenemos “sustitutas”, y lo que no se nombra dicen los filósofos del lenguaje que desaparece.
Si me pongo a pensar en Jesús, me vienen muchas situaciones en las que él tenía la dichosa empatía. Hasta me parece que más de una vez nos cuentan que se le conmovieron las entrañas, es decir, se le revolvían las tripas a Jesús cuando veía a otros pasándolo mal. Creo que no nos vendría mal un poco menos de autoestima y poco más de empatía.